Este soy yo

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¿Por qué no disfrutar de estos momentos, que son tan pocos, que viven en ti y te dan esa energía que necesitas, para luchar en la vida por lo que quieres?

¿Por qué no sonreírle a la vida?

¿Por qué no rodearme de AMOR, así la vida la veo de otro color, y las penas son menos y los dolores se curan más rápido?.

A veces, lo más bueno de la vida, no es lo mas bello: es lo que se AMA. A veces, es bueno decir estas palabras

lunes

LOS AMOROSOS

Los amorosos callan.
El amor es el silencio m
ás fino,
el m
ás tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su coraz
ón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque est
án solos, solos, solos,
entreg
ándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al d
ía, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se est
án yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la pr
órroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre "¡qué bueno!" han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, s
ólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se r
íen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, ver
ídicamente,
de las que creen en el amor como en una l
ámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformaci
ón.
Vac
íos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detr
ás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canci
ón no aprendida
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.
Jaime Sabines


Música: “ed alleyne-johnson”   

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