Este soy yo

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¿Por qué no disfrutar de estos momentos, que son tan pocos, que viven en ti y te dan esa energía que necesitas, para luchar en la vida por lo que quieres?

¿Por qué no sonreírle a la vida?

¿Por qué no rodearme de AMOR, así la vida la veo de otro color, y las penas son menos y los dolores se curan más rápido?.

A veces, lo más bueno de la vida, no es lo mas bello: es lo que se AMA. A veces, es bueno decir estas palabras

lunes

Cuando debemos pensar, sentimos...


"...La mitad de nuestras equivocaciones en la vida nacen de que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos."




Una mujer aguardaba su vuelo en la sala de espera del aeropuerto. Como debía esperar el tránsito hasta otro vuelo unas cuantas horas, decidió comprar un libro para entretenerse. A la vez adquirió un paquete de galletas con las que entretener el hambre.

Se dirigió a la sala VIP y se dispuso a aguardar el turno de su vuelo. Justo al lado del asiento donde había dejado la bolsa con las galletas, se sentó un hombre provisto de una revista que comenzó a leer con fluidez.

Cuando ella cogió la primera de las galletas, el hombre también cogió una. La mujer se sintió indignada ante el atrevimiento de su compañero de asiento, pero no dijo nada, sólo pensó: "Pero, que descarado. Si tuviera ganas de bronca la daría un golpe en el ojo, para que no se olvide que las cosas hay que pedirlas".

Cada vez que ella tomaba una galleta, el hombre también hacía lo propio. Aquello la dejaba tan irritada, que no conseguía reaccionar. Cuando quedaba apenas una galleta, pensó: "Y ahora, ¿que será lo que este desconsiderado va a hacer?". Entonces, el hombre dividió la última galleta por la mitad, dejando la otra mitad para ella.

Aquello resulto excesivo para la mujer que se puso a bufar de la rabia. Cerró su libro con violencia, recogió sus pertenencias y se dirigió a la zona de embarque.

Una vez sentada confortablemente, en su asiento, ya en el interior del avión, miró dentro de la bolsa y para su sorpresa, su paquete de galletas estaba allí... todavía intacto, sellado e integro. De repente, sintió vergüenza. Solo entonces percibió lo equivocada que estaba. Había olvidado que su paquete de galletas estaba guardado dentro de la bolsa. El hombre había compartido sus propias galletas, sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado y sin embargo ella…
Y ya no había tiempo para explicaciones... ni para pedir disculpas.